De La Banca A La Acción:
A menudo miramos las bancas de una iglesia y pensamos que el verdadero trabajo espiritual le pertenece solo a un grupo selecto: al pastor que predica, al teólogo que escribe o al misionero que viaja a tierras lejanas.
Nos acostumbramos a ser espectadores del mover de Dios, asumiendo un rol pasivo y delegando la responsabilidad a otros. Sin embargo, este modelo de "espectadores" no refleja el diseño original de Dios.
La verdad de las Escrituras rompe por completo ese molde tradicional y nos confronta con una realidad revolucionaria:
Tú eres la Iglesia.
La Iglesia no es la estructura de cemento o el edificio al que asistes el domingo; la Iglesia eres tú de lunes a sábado. Eres el templo vivo y dinámico del Espíritu Santo en la Tierra, tal como lo declara la Palabra en 1 Corintios 3:16:
«¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?»
Esta verdad cambia las reglas del juego.
Significa que eres el embajador de Cristo en los lugares donde un pastor o un líder religioso tradicional no puede entrar. Tu oficina, tu hogar, tu escuela, tu negocio o tu comunidad son el territorio sagrado y el campo ministerial que Dios te ha asignado estratégicamente.
En la comunidad global de Sacerdocio de Oración abrazamos y defendemos la doctrina del Sacerdocio Universal del Creyente.
Creemos firmemente que el sacrificio de la cruz rasgó el velo del templo para siempre, otorgándote no solo el acceso directo a la presencia del Padre, sino también una comisión sagrada que no prescribe. Fuiste rescatado del pecado con un propósito mayor, tal como lo define el apóstol Pedro en 1 Pedro 2:9:
«Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable».
Ya no necesitas intermediarios humanos para ministrar el corazón de Dios ni para bendecir a tu prójimo.
Tú has sido ungido y posicionado para interceder, servir y transformar las realidades espirituales del entorno en el que vives.
El mundo actual atraviesa crisis profundas de fe, identidad y valores.
La sociedad no necesita más personas sentadas en una banca observando la realidad con indiferencia o quejándose del estado de las cosas; necesita sacerdotes activos en las calles, altares familiares encendidos e intercesores que transformen la atmósfera espiritual de sus naciones mediante el poder de la oración.
Al comprometerte activamente con tu ministerio cotidiano, dejas de "ir a un templo" para convertirte en el templo en movimiento. Al aceptar esta responsabilidad, el Espíritu de Dios dinamiza tus acciones diarias a través de tres pilares prácticos:
· Consagra tu rutina laboral y familiar:
Deja de ver tu trabajo, tus estudios o tus labores del hogar como una simple obligación económica o social.
Redefine tu mentalidad y ofrece tus habilidades diarias como un sacrificio vivo.
Cada tarea bien hecha, cada palabra de aliento a un compañero y cada decisión ética se transforman en un acto de adoración y testimonio del Reino, cumpliendo el diseño descrito en Apocalipsis 1:6: «y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén».
· Intercede con autoridad espiritual:
No subestimes el impacto de tus oraciones. La intercesión no es exclusividad de un comité de oración.
Al sumergirte en los altares de oración continua y los ritmos de intercesión matutina de nuestra comunidad, levantas un vallado de protección espiritual sobre tu familia, tus finanzas y tu nación, provocando que lo invisible afecte de manera milagrosa lo visible.
· Sé el puente de reconciliación y amor:
Dios te ha dotado de dones espirituales únicos, talentos naturales y experiencias de vida que sirvieron para moldear tu carácter. Úsalos activamente para sanar los corazones rotos, escuchar al desamparado, visitar al enfermo y llevar la luz de Cristo a las tinieblas de tu entorno.
Cuando tú sirves, la Iglesia sana.
Obispado de Misiones Ultramarinas
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